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El dilema del traductor

23 Abr

Como les comentó Roberto con motivo de la publicación de mi traducción del Canto Coral a Túpac Amaru, uno de mis hobbies es traducir. Además de ser una afición – casi enfermiza – mía, la considero un asunto de lo más interesante y quisiera compartir con ustedes un par de impresiones al respecto.

¿Cuál es la receta para traducir? Básicamente, necesitamos tres ingredientes: 1) el texto en cuestión a ser traducido; 2) conocimiento suficiente del idioma en que fue escrito y 3) conocimiento suficiente del idioma al que lo vamos a traducir. Utilice un poco de sentido común y buen gusto para aderezar.

Claro que no es lo mismo traducir una canción que un manual de usuario, ni es lo mismo traducir un cuento que un anuncio de propaganda. Cada traducción tiene sus propias demandas: el texto legal exigirá la traducción más literal posible, el poema pretenderá conservar la rima y la métrica, lo mismo que las canciones, el cuento tendrá que transmitir las mismas sensaciones, y así. Mis favoritas son las así llamadas “traducciones literarias”, es decir, las de textos literarios (pues duh…). Y como mientras más cortos los textos, más fácil de abarcar visualmente resulta la traducción, es de imaginarse que termino traduciendo canciones y poemas más que nada.

Pero ¿por qué traducir? O, cambiando primero de perspectiva, ¿por qué leer una traducción? Digamos que me gusta, no sé, Khalil Gibrán. Yo, lamentablemente, no hablo árabe. Sin embargo, he escuchado grandes halagos a la belleza de los textos escritos por Khalil Gibrán y me gustaría conocerlos. De manera que no me queda más remedio que leer la traducción. ¿Y qué es lo que mueve al traductor? ¿Un sentimiento de solidaridad hacia aquellos que no dominan el idioma que él sí? Puede ser. Aunque en mi caso yo diría que se trata más de una vocación de intérprete. Así como a muchas personas les nace transmitir el significado de un poema a través de un análisis, a mí me nace hacerlo a través de algún otro idioma. Sin mencionar que es un ejercicio sumamente entretenido para el cerebro, ¡créanme!

Pero, les confieso, he sido criticada por un par de amigos. Y es que realmente la traducción tiene varios contras. Empezando por lo más básico: escuchen a dos personas hablando dos idiomas distintos que ustedes no conozcan. A pesar de que a ninguna de las dos le entenderán un rábano, les resultará evidente que ambos idiomas suenan distinto. Y es un hecho: cada idioma cuenta con una gama diferente de sonidos. Y eso, al traducir, sobre todo cuando se trata de un poema o de una canción, es crucial. Vean esto:

A algunos éstas traducciones les causarán gracia; a otros, cólera. Un amigo lo vio y me dijo “guao… qué horrible”. Yo lo vi y pensé “guao… qué genial”. Ya ven. (Por cierto, no les pongo los originales porque imagino que la mayoría los conocerán.)

Pero volviendo a lo que decía sobre las gamas de sonidos: el inglés no lleva la erre a la garganta como el alemán o el francés, lo cual le da un efecto completamente distinto al todo. Además, de todos los idiomas que conozco, el inglés es el más capaz de decir mucho en pocas sílabas (porque es el que tiene más palabras monosílabas). Por eso, en la época de los Beatles y los Rolling Stones, adquirió el sobrenombre del “idioma para el rock”. Además, las letras no reflejan una traducción literal. Y es que, sobre todo en el caso de las canciones, el traductor se ve obligado a sacrificar la semántica a cambio de que la nueva letra quepa perfectamente en el número de sílabas que tiene a disposición.

Esto, en el caso de los poemas, puede variar, porque no hay una música que nos limite. Sin embargo, uno debe procurar que la métrica sí acompañe y que, en la medida de lo posible, enfatice el efecto de las palabras. Para muestra les dejo mi traducción del soneto 105 de Shakespeare:

A quien le interese un poco el aspecto técnico de la traducción: aquí he tenido que reemplazar el “blank verse” (diez sílabas métricas por verso) por una variante más común en el español y más sencilla de lograr en nuestro idioma a mi parecer: el verso endecasílabo (once sílabas métricas). La gravedad del asunto la entenderá cualquiera que haya aprendido que el “blank verse” es algo sumamente típico para un soneto shakesperiano. Deshacerse de esa característica fue, para decirlo amablemente, una decisión dolorosa. En este punto quisiera agregar que soy consciente de que no faltarán los fans de Shakespeare que salgan a decir que, no sólo por la variación en la métrica, sino en general por el hecho de traducir el poema, se le quita la escencia, se pierde el significado original, el sentimiento con el que fue creado. No podría estar yo más de acuerdo: así como defenderé a capa y espada que las traducciones de Edgar A. Poe al francés no pueden ser mejores que los originales aunque las haya hecho Charles Baudelaire o cualquier otro genio de la palabra, jamás pretenderé que una traducción resulte mejor que su original. Siempre será diferente, algo perderá y algo ganará y, de manera ideal, ambas versiones serán estéticamente comparables.

Quiero terminar contándoles una anécdota: cuando Mozart compuso La Flauta Mágica, lo hizo en alemán para demostrar que las óperas no sólo podían ser bellas si se escribían en italiano, que era lo que se pensaba en la época. La belleza y el consecuente éxito de su obra rompió con algunos de los prejuicios de entonces. Y yo creo que nosotros también podríamos acostumbrar un poco el oído a dejarse de mañoserías y escuchar otros idiomas con la mente un poco más abierta. Por ahí que nos sorprenden, ¿no?

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El espan-pantoso pan-panamericano

19 Nov

Siempre me gustó la música italiana, y uno de mis músicos favoritos es Renato Carosone, quien interpreta canciones como la “Piccolissima Serenata”, “Mambo Italiano”, que recientemente fue utilizada en publicidad, y el clásico “Tu vuò fà l’americano”.

te quieres hacer el americano

Aunque vaya en contra de lo que predica el canal Boomerang y los chocolates Sorrento, yo diría que lo bueno no siempre regresa, o si regresa ya no es lo mismo que fue antes. Con esto me estoy refiriendo justo al tema de Carosone, Tu vuò fà l’americano, que llega y se populariza en nuestro medio como el “Pan-panamericano”, canción de ambiente, por excelencia.

El tema se da cuando en mi oficina yo estoy escuchando la canción (obviamente la versión italiana) y una compañera de trabajo me dice, “uy, te gusta el ambiente”, Mi poner cara de no entender, y ella explicar: Esa es una canción de ambiente y se llama el pan-panamericano. Entonces la curiosidad me llevó a escucharla en una radio que la pasa, sin exagerar, todo el día, y lamentablemente debo decir que a diferencia de otros covers, éste deja mucho que desear, y no es que tanga nada contra las canciones de ambiente o la cultura gay, ya que muchas canciones de new wave han sido muy bien adaptadas o modernizadas. Así que por ahí no va el asunto, lo que pasa es que el tema ha perdido su esencia, tanto rítmica (con su swing y jazz), como significativamente; ya que la canción original era la sátira de un italiano-napolitano que se la pegaba de gringo y haga lo que haga para parecer yankee sus raíces italianas no se las cambia nadie.

 Un aspecto importante a decir es que el italiano napolitano varía un poco, quizás en algunos casos bastante, del italiano convencional, y también gracias a eso la canción se hace aún más divertida.

Vayamos a la traducción entonces

El título: Tu vuò fà l’americano, siginifica algo así como (tú pretendes ser americano) o quieres hacerte el americano.

Tu vuò fà l'americano

(1) La bebida italiana por excelencia es el vino, que contiene un grado alcohólico del entre el 7 y 14%, por eso que cuando toma whiskey americano que antes venía con más de 50 % de alcohol, pues definitivamente le iba a caer mal.
(2) Hace referencia a los cigarrillos rubios Camel, populares en Estados Unidos durante esa época.
 (3) La cartera de mamá, acá se usa como “joda” ya que los italianos son bastante arraigados a la familia, y los americanos suelen verse como más independientes.
(4) Sigue la broma diciendo Italia en inglés.
(5) El italiano siempre fue el lenguaje del amor, de los poetas, de Romeo y Julieta, etc. por eso cuando dice “I love you”, definitivamente no suena ni bien, ni romántico.

La canción ya era harto conocida, aunque mucha gente crea que es nueva, porque incluso aparece en la película “El talentoso Mr. Ripley” con Matt Damon y Jude Law; y mucho años atrás también aparecía en la película “It stated in Naples” con la bella, Sofía Loren. Desde entonces la canción ha sido interpretada muchas veces y por varios artistas, una versión que me gusta mucho es la que realizó Danny Brillant, juntamente con el video.

¿Qué más puedo decir? Espero que las nuevas generaciones sepan diferenciar, así como el cisne blanco, la leche del agua.